Es momento de que la nueva Ley vea la luz

Saúl Alejandro Flores.

Rector de Campus Centro Universidad Las Américas de Centro Occidente

La problemática que presenta el sector hídrico está de sobra repetirla, quienes estamos involucrados sabemos la enorme complejidad existente, y más que una problemática, se trata de un racimo de problemas que requieren solución inmediata o en su defecto implementación inmediata de los mecanismos que permitan resolver dichos problemas en el mediano o largo plazo.

Ese racimo de problemas se incrementa también por el carácter trasversal del agua que no es sólo obra pública o hidráulica, sino un rosario de temas que son parte del recurso primario que permitió que en este planeta existiera la vida. Pero también existe otro factor que ha complicado la pronta solución de los problemas del sector y es lo que me he atrevido a denominar en otros momentos y espacios como el “archipiélago anárquico de las instituciones” que son parte del sector público, que en sus tres ámbitos: federal, estatal y municipal, no han logrado trabajar de manera armónica, cierto que hay rubros ejemplares en donde se han logrado muy significativos avances, pero otros han quedado en el vacío, como ha sucedido en el renglón de los servicios públicos que involucran el agua potable, alcantarillado y saneamiento.

Otro aspecto que es importante destacar es el correspondiente a la gobernanza  que permanece en el discurso y ha costado mucho lograr su efectiva funcionalidad, porque otros actores que también deben asumir un rol importante en la gestión del agua deben entrar en acción, pero recordando que es importante establecer las reglas de la participación y la acción: ¿Quién participa? ¿Cómo participa? ¿En qué participa? ¿Para qué participa? y ¿Dónde participa?, porque es evidente que la autoridad no puede sola con la enorme lápida de los problemas, se requiere una ciudadanía y para el caso usuarios comprometidos y responsables.

Ya se tiene una iniciativa de Ley General de Aguas que es importante que ya “sea alumbrada” y brote, así como el correspondiente paquete reglamentario, para pasar con una alienación en las propias leyes estatales. Sin embargo, no debe dejarse de pasar por desapercibido que las leyes no son perfectas y si lo parecen en lo que se denomina técnica jurídica, esta suele ser engañosa, porque no deja de ser “una ley de laboratorio” que aún no ha recibido la confrontación fáctica, y eso sucede en cualquier parte del mundo, pues las leyes las hacen formalmente los legisladores, peor materialmente los expertos, aunque pueden pasar por las manos de varios especialistas y representantes de usuarios.

El reto es enorme, pero una ley es básica, así como la implementación de una certera arquitectura institucional del sector, acompañada de otro componente fundamental que debe ser el humano, en lo correspondiente a la operatividad, lo anterior es para garantizar que la nueva ley sea en verdad un instrumento eficaz en la solución de conflictos, (que es el único fin verdadero de una ley).

Comentarios: saalflo@yahoo.com  twitter: @saul_saalflo